Este primer órden geopolítico comenzó en 1815 con el Congreso de Viena, que puso fin a las guerras revolucionarias y napoleónicas. Este congreso tuvo como objetivo principal restaurar el Antiguo Régimen y los gobiernos absolutistas que gobernaban antes de la época revolucionaria. Esta restauración se fundamentaba en el principio de legitimidad, de compensación y de equilibrio de poder.
En esta etapa se fijaron los límites entre los Estados europeos y se estableció un sistema de relaciones internacionales, con el objetivo de disminuir las posibilidades de nuevos conflictos. Europa, además, constituía el centro de poder más importante del mundo.
Durante este período se produjeron tres oleadas revolucionarias que pusieron en cuestión los principios de legitimidad de las antiguas monarquías. El nacionalismo se convirtió en el nuevo discurso de legitimidad del poder y surgió el concepto Estado-nación.
Este proceso de construcción de naciones se llevó a cabo principalmente en Europa, y cada uno de los países debía cumplir con dos determinados objetivos:
- construir y consolidad un Estado fuerte, con una administración centralizada y un control efectivo sobre sus ciudadanos;
- y otorgar a sus territorios una configuración compacta y con límites internacionales fijos que fueran símbolos de la pertenencia a una nación, es decir que la identidad territorial fue el elemento fundamental de los Estados nacionales.
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